No sabía cómo comenzar la historia




No sabía cómo comenzar la historia. Especialmente porque era mentira. Simplemente garabateaba coordinadas y subordinadas en la textura del cuaderno, queriendo hallar entre medio de esas líneas inconexas, la razón de una trascendencia.

Tras lo cual me extraviaba en el bosque del absurdo. Aquella selva que hicieron de noche mis antepasados y cubrieron de horror para que nosotros, herederos de sus remilgadas pasiones, creyésemos en el misterio de lo ignoto. Adorar a los yesos nos hicieron mirar para adelante, clavados nuestros ojos en la pasión del doliente.

Ahora que me saqué el abrigo de la cultura, y trato de deambular intranquilo por el abismo desnudo del infortunio, he descubierto un tesoro. Esta caja de tempestades que desatadas trascenderán mi morada final…

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