Oh! afligido Nahua


A veces me siento aherrojado al espíritu de la realidad. Aquel sueño que nos encadenó con sus ofuscadas razones, y nos hizo creer en la patente. La patente siendo la dura, la firme verdad, que tanto buscaron los locos en pos de la ultra búsqueda suprema, generando por sus poros ciencias y filosofías. Vendiendo a sus madres, confiaron en una razón última, un impulso último y eyaculatorio que los hiciese huir de sus pesadillas minúsculas y que los entronizara como grandes explicadores de los fenómenos de la sativa. Como si el lenguaje, aquella quimera fantástica que arrojamos por nuestros hocicos fuese en sí una respuesta, mas era sólo la más grande de las preguntas.

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