Perritos y dama



Encomendado como estaba a cuidar de todos los pertrechos de mi dama, me hallaba yo registrando los acontecimientos diarios por mi cabeza a guisa de teleimaginaciones, ya de otra vida, ya de otros mundos, cuando a mí vino a caer la realización de la mayor belleza concebible por demiurgo posible, aquellos ojos de la verdad atiborraban el campo de la visión y colmaban de sonrisas rivereñas los pasajes de mi alma, simplemente había caído en el amor...

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