El rey y el consejero

Un gran rey, preocupado por la situación en su reino, manda llamar a su más sabio consejero.
Me preocupa la desazón en mis súbditos; me temo que pueda haber revueltas en mi reino. ¿Qué aconsejas?

El consejero rápidamente respondió:
—Su alteza, hacedles creer que ellos son los que eligen.
—¿Cómo es eso?
—Si ellos creen que son los que eligen, no podrán culparos de sus desgracias.
—Está dicho entonces; que haya un sistema tal que les permita elegir a sus mandatarios.

El rey meditó un momento:
¿Pero y si no me escogen?
El consejero respondió:
—Hacedles creer que una gran amenaza caerá sobre ellos si no te escogen.
—Está dicho entonces; que haya un sistema tal que los atemorice.

El rey volvió a meditar:
¿Pero y si descubren estos ardides?
El consejero replico:
—Haced llamar a todos los hijos e hijas de los súbditos del reino. Estima su capacidad y saber. Separa a los más capaces y sabios y entrégales fama y banquetes. Ya a vuestro lado, no os cuestionaran. Al resto preparadlos en el amor y respeto al reino, de ese modo tendrán confianza en tu labor y no os cuestionarán.
—Está dicho entonces; que haya un sistema tal que los eduque en la labor y fe de nuestro reino.

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