Perro, Gato y Cadena

Un perro y un gato descansaban en el patio de una vieja casa.

El gato, en lo alto del muro, contemplaba al perro, que estaba en el suelo con una cadena muy larga anudada a su cuello.

El gato le decía así:

—Amigo perro, me he dado cuenta que llevas prendida esa larga cadena a tu cuello. ¿No te darían ganas de zafarte para de ese modo ser libre?
—Pero, sí soy libre —replicó el perro—. Verás, yo cumplo una importante misión en la propiedad de mi amo. Él a su vez me cuida, y me permite estirar las piernas, ladrar a mi antojo y comer a destajo. En las noches observo el fulgor de la ciudad y en los días observo las sombras de las nubes. Esto que tú crees una cadena, en realidad es una protección. Mi amo, con todo el amor de su corazón, me la hizo prender del cuello y así evitar que algún oscuro ladrón me lleve. ¿Ves?

El gato miró alrededor. Desde la altura del muro, se podía ver el pequeño claustro del perro separado de un inmenso universo.

Pareció tomar una decisión y se perdió entre los techos de las casas.

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