Estertores

Eran como pequeños impulsos molestos, sensaciones de que mi cuerpo se descontrolaría en cualquier momento, y para aliviarlos apretaba los músculos suavamente primero. Entonces me invadía el alivio.

Muchas veces me ví plagado por esas sensaciones extrañas. En un intento vano de poder contralarlas, les busqué un nombre: los estertores.

Me revolcaba dolorosamente en la cama, tratando de calmarme por que los estertores carcomían mis coyunturas, apretando fuertemente y soltando. Como a quien le rechinan los dientes y no puede evitarlo.

Aquella extraña idea intrusa, se desvanecía por un instante, aplacada por el apriete del músculo, quizás una contorsíon imperceptible. Luego, de nuevo la angustía, el deseo de apretarme el cuerpo desde dentro, embotar los sentidos con aquel apriete de músculos, sobajear la química de mi cuerpo internamente.

¿Cómo lo explico?

Era como cuando no puedes evitar que algo te distraigas. Tú estás ahí, la atención está ahí en alguna cosa importante, pero algo, un objeto periférico se entromete en tu atención y debes saciar el deseo, o sensación molestosa. Entonces, de nuevo el apriete, en cadena, como un juego, en donde me escindía como un ser de dos identidades.
Yo, el más yo, el sosegado
Tú, el menos yo, el intruso.

Yo vivo tranquilo versus tú apareces;
yo no aprieto el brazo versus tú me acosas con esa sensación;
yo: no debo apretar el brazo versus tú: aprieta el brazo;
yo: controla la obsesión versus tú: te presento la obsesión;
yo aprieto versus tú te esfumas;
yo vivo tranquilo versus tu apareces...

Y un ciclo eterno donde una y otra vez vuelves para conquistar mi cuerpo, de a poco, me siento más dividido, como cortado por el filo de las obsesiones, como que mi cuerpo no es mío y yo mismo me lo robo, o me lo robas.

¿Qué será la causa de estos estertores? ¿Cuántos deseos tengo de borrar la geografía de lo ajeno en mi propio cuerpo?

Deshacerme de estas intrusas ideas. Pero siempre están ahí, como hitos feroces de que mi propia geografía me es ajena.

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