Del nacimiento de Chumpiru



Así no más fue, dijieron las señoras, comentando el descubrimiento que habia hecho Dragoberto el leñador. Aquel día de madrugada se había levantado a acarrear la leña desde el bosque, y a pesar de conocer como el que más los vericuetos arbóreos de esa ciudadela de la naturaleza, se extravió cerca de la montaña. Anduvo silencioso tratando de percibir por el aire el ruido de la vertiente que le indicaría el camino de vuelta. Cuando, frente a una gran piedra, dentro de un roble más alto aún, encontró un sombrero azul y dentro a una guaguita.

El leñador tomó la guagua y se la llevó al poblado... El leñador tomó la guagua y se la llevó al poblado. Le pondré Chumpiru, dijo, por que estaba dentro de un sombrero, dijo y lo crió hasta que fue grande. Alto y grande creció Chumpiru. Y muchas cosas le enseñó Dragoberto que era muy entendido de árboles y como echarlos abajo con el hacha.

Dragoberto entonces tomó por esposa para que cuidara de Chumpiru a una joven del mismo poblado. Como a dagoberto le gustaba bautizar, le trocó la gracia a la señorita, ahora su mujer, y le puso Angustia. Para que sepa como cuidar a un hombre pensó.

Era sufrida la madre postiza de Chumpiru, Angustia, su Dragoberto cuando recibía su sueldo de leñador, iba mucho a la estancia y se le emborrachaba y se le emborrachaba. Con agrio olor a trago entraba a la casa y a Angustia la golpeaba su marido. No me pegues, le gritaba, soy tu mujer, dónde está el respeto que me prometiste. Su marido se le burlaba y se le burlaba. ¿Respeto?, y tu exiges respeto "sin nombre". Por que "sin nombre" se llamaban las mujeres casadas, por que sus maridos las re-bautizaban.

Chumpiru veía todo esto y se sentía impotente. Creía que su padre estaba enfermo: Está enfermo, enfermo del vino, se decía, y le tenía lástima, pero tampoco le gustaban los golpes que le daba a Angustia, su madre postiza. ¡Padre, no le pegues! Angustia es buena mujer... Qué va a hacer buena, a chumpiru le contestaba el padre. Le decía: Ella no es buena, se casó y ahora no tiene nombre.

Vió Chumpiru que Angustía no tenía nombre, más el flato desgarbado que su padre le había puesto y pensó. Si Angustia tuviese nombre, o trocase ese horrible que tiene por uno más bello, quizás podría ser libre.

Entonces, un día mientras su padre roncaba, ebrio sus vapores saliéndosele por la boca putrefacta, Chumpiru llamó a Angustía y le dijo:

Angustia, reúne enseres y manjares, que todos los utencilios de tu magra existencia estén convocados, por que esta es la ceremonia de tu nuevo bautizo.

Fue así, se cuenta, que Auka, la Indomable, pasó a denominarse la Angustia, la esposa de su marido.

Comentarios

Anónimo dijo…
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