Las 1000 muertes de Eleuterio Rojas

Qué triste espectáculo daba Eleuterio. Allí en el suelo como una insecto desarmado, con toda su relojería saguinolenta repartida. Por aquí las hojazas de pan y el café desparramado. Acullá las masitas que tanto le gustan a su señora y el diario vespertino que ya no podría leer. Acá mismito, el celebro goteando de a poco... quién iba a pensar que un conductor al volante giraría más rápido que de costumbre, perdería el control del vehículo, y arrollaría al pobre Rojas, quien sólo había ido a comprar el pan al súper y deseaba más que nunca rematar el viernes, la laboriosa jornada de siete días, tomando té con su esposa...

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