Libélula indomeñable



Arriba de dos mundos redondos cruzo la ciudad como si fuese montado en libélula indomeñable.

Sus radios perfectos giran como planetas de elípticas fantásticas.

Entre dinosaurios de platinado pellejo, me voy desenredando para alcanzar mi destino.

Pero qué importa el destino cuando estoy en la ruta con el viento azuzándome con su garganta aére.

Se desencaja mi rostro en una sonrisa extrema de libertad.

La bicicleta me hace rodar las patas por jardines de velocidad y los brazos se tornan timoneles de una nave que zurca la urbe cáustica.

Río de buena gana encima de aquellas tijeras que recortan el tedio de mirar el camino sobre una tonelada de fierros oscuros.

Segunda versión de Libélula bicíclica.

Escucha este poema musicalizado: (Gentileza mp3 player)




Comentarios